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Transició cap a una economia feminista

Transició cap a una economia feminista

Publicat el 26/10/2021

El sistema capitalista, configurando las relaciones sociales a escala mundial, está construido sobre la contradicción entre el capital y la vida; sobre la tensión entre el objetivo de obtener y acumular beneficios económicos, por un lado, y el de garantizar una vida digna para todas las formas de vida, por el otro.

En el momento actual, este sistema se encuentra sumido en una crisis que ataca toda la vida en el planeta. Bosques, mares, selvas, ríos, y todas las formas de vida animal, vegetal y fúngica que formamos la red de interdependencia de la existencia, somos amenazadas por las actividades extractivistas y expoliadoras de las multinacionales capitalistas. Estas empresas tienen sus sedes y responden a las lógicas hegemónicas del Norte Global, buscando la acumulación de recursos y beneficios en pocas manos, arrasando con todo lo que les barra el paso.

Nos encontramos en una encrucijada que ya no nos permite permanecer más tiempo sin tomar partido: o nos posicionamos a favor de la vida, o a favor del capital.

El conocimiento para vivir en favor de la vida sigue siendo conservado y protegido por los pueblos originarios y en lucha de los territorios de las llamadas periferias. Desde Kurdistán al Putumayo, desde las mujeres afganas a las zapatistas, es tiempo de que las sociedades occidentales nos pongamos al servicio de este conocimiento ancestral que tiene la clave de la vida libre, de la vida digna, del buen vivir; que nos pongamos a escuchar y aprender y actuar en consecuencia, y tomemos la responsabilidad histórica que nos corresponde para revertir la situación en la que hemos sumido al mundo.

El problema ha alcanzado una escala global tal que requiere que desde todos los lugares del mundo la humanidad se ponga al servicio de vivir en favor de la vida. ¿Qué formas de lucha podemos desarrollar y se están dando desde estos territorios del llamado Norte Global?

Desde este artículo queremos trazar un camino de transición hacia una economía con perspectiva feminista, antirracista y anticapitalista. Esta economía parte de dos premisas:

- La ecodependencia: nuestra vida depende de nuestra relación con todas las formas de vida del planeta, con sus ríos, sus montañas, sus bosques y sus mares. Nuestras vidas han de construirse en armonía con toda la vida, y no en base a una necesidad de crecimiento económico infinito como el promovido por el capitalismo.

- La interdependencia: dependemos unos de otros para sobrevivir; somos, desde que nacemos y a lo largo de nuestras vidas, seres dependientes y vulnerables; es solo con el cuidado de unas hacia las otras que nuestro día a día puede sostenerse. Por ello construir vidas dignas y sostenibles pasa por construir comunidad y colectividades de apoyo mutuo.

Y de dos principios éticos:

- La universalidad: la vida digna que definimos debe ser viable para todas las personas que habitamos este mundo.

- La singularidad: al mismo tiempo, debemos tener en cuenta la diversidad de necesidades y deseos. No todas las personas anhelamos ni necesitamos lo mismo, y en ello radica la riqueza de la comunidad y la colectividad.

Los caminos para transformar las economías desde los territorios del Norte Global son diversos, se entremezclan entre ellos, y se encuentran en constante cambio y evolución. Aprendemos de la práctica, teorizamos desde la experiencia, ponemos en juego hipótesis y contrastamos los resultados. Es un proceso colectivo, social, que pasa por tejer vínculos comunitarios y solidarios, y con los territorios que habitamos.

En el momento actual, toman mucho protagonismo todas las luchas de las clases populares para asegurar la reproducción cotidiana de la vida. Estas van desde las luchas por mantener los servicios públicos como la sanidad o la educación, las luchas por el acceso a viviendas dignas, las luchas por la defensa del territorio ante las dinámicas extractivistas de las multinacionales que acechan nuestras aguas y tierras fértiles.

Son también las luchas de las clases trabajadoras desde los puestos de trabajo para garantizar derechos laborales justos y evitar la explotación por parte de la burguesía, así como los proyectos de autogestión y autoocupación que buscan construir modelos económicos sociales y solidarios. Aquellas iniciativas económicas en las que las personas trabajadoras son a la vez responsables de la toma de decisiones del conjunto de la actividad y que se basa en principios de democracia interna, transformación social y servicio a la comunidad. Estas iniciativas intentan establecer lazos de cooperación entre ellas para ir construyendo un mercado alternativo al capitalista que pueda englobar las distintas fases del proceso productivo y de la reproducción cotidiana de la vida.

Y, por encima de todo, son los lazos de solidaridad entre todas las luchas protagonizadas y lideradas por las clases populares, yendo más allá de las fronteras de los Estados, construyendo una identidad colectiva de lucha junto con la Tierra para sentar las bases de un proyecto emancipador de la vida que asegure la soberanía de los pueblos y territorios alrededor del mundo.

* Aquest article ha estat escrit per l'Associació Matriu, en el marc de la col·laboració amb la Plataforma i la Red Feminista Antimilitarista de Medellín al projecte "Enfortiment de la economia solidària i feminista de les dones de la ciutat de Medellín", finançat pel programa de Justícia Global de l'Ajuntament de Barcelona.

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